Por: Pablo Mora Cubero

Me niego a pensar que cuando se da alguna situación embarazosa, un acto de corrupción o sucede algún acontecimiento que “nos pone en vergüenza” a nivel internacional, lo achaquemos a nuestra idiosincrasia costarricense.

Ser ticos es algo que nunca podremos cambiar pues la nacionalidad es algo irrevocable, tan nuestro como las mismas huellas digitales que nos diferencian a cada uno de nosotros.

Yo no sé usted pero yo creo en el trabajo duro, reflejado en las manos de los campesinos y campesinas, en la honestidad como estandarte de nuestros abuelos y abuelas, la hospitalidad con que se nos reconoce a nivel internacional.

Somos más los honrados que los sinvergüenzas (los cuales no son autóctonos de Costa Rica), existen más trabajadores en comparación a aquellos que lucran deshonestamente. Creo también, que la mayoría de los costarricenses queremos dejar en alto siempre, el nombre de nuestra madre Patria en comparación a los pocos que con sus actos la deshonran.

Por esto, no considero correcto justificar con nuestra identidad nacional la tendencia a cometer ninguno de esos actos vergonzosos. Ya sea que lo hagamos, a manera de burla en ocasiones o fríamente premeditado. Esta argumentación es la excusa perfecta para no hacer absolutamente nada por cambiar.

Entiendo que nos molesten tantos actos de corrupción, tantas “serruchadas de piso”, el aumento de la violencia y la delincuencia en las calles, la falta de valores entre otros problemas sociales. En lugar de sentir pena y limitarse a repetir una y otra vez lo mal que estamos como país, lo vagos, ladrones, descarados, irresponsables, “juega de vivos” e incultos que somos los ticos, debemos empezar a  trabajar por nuestro país, a actuar y dejar de ser actores pasivos.

Soy tico, y por más difícil que esté la situación económica, política o social de mi Costa Rica, seguiré creyendo en los costarricenses como hombres o mujeres de bien, como los campesinos de antaño que iniciaban el día de la mano de Dios y siempre saludaban con un buenos días a pesar de no conocer a la otra persona.

Soy tico, y siempre estaré orgulloso de serlo.

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