Por: Arleth Badilla Morales ,Periodista

arlbadmo@hotmail.com

Mall San Pedro, San Jose - Costa Rica

Tenía, según yo, hasta ese momento una difícil decisión en mis manos.

En la derecha cuarenta y cinco mil colones, que me parecían bien, y en la izquierda nueve mil novecientos, me parecían mejor. Con la excepción de querer realmente que el objeto en descuento fuera el de mayor precio, porque me agradaba más.

La desesperación que me generaba esta elección me hacía tener  más calor del que ya hacía. Eran como las cinco de la tarde, o al menos eso creía, y tenía ya como una hora de estar dentro de esa tienda, en el tercer piso del  Mall San Pedro.

Todo parecía marchar normalmente. Era un viernes cualquiera con la particularidad de que era viernes trece y eso había retumbado en mi cabeza desde la mañana, cuando vi la fecha al encender mi celular.

Una señora y una  chiquilla de unos quince años discutían a mi lado sobre cual blusa era más bonita, si la color salmón o la blanca. En fin, a mi ambas me parecieron feas había más de donde escoger, pero bueno… el perchero de descuentos pareció cautivar a cada cliente que entró.

Mientras las oía conversar, disimuladamente, me sentí un poco mareada y de inmediato escuché a una señora al otro lado de la tienda gritar ¡¡¡misericordia señor!!! En ese momento caí en cuenta de que no estaba mareada, si no que estaba temblando y bastante fuerte.

Todas las personas salieron corriendo al pasillo, incluyendo las dependientes de la tienda quienes ,por cierto, hasta olvidaron que yo era la única que permanecí agarrada a más no poder de un vestido dentro de la tienda, hasta pude robarme el dinero de la caja que en el apuro dejaron entre abierta.

Creo que en el segundo socollón, como decimos  acá en tiquicia, me percate de que estaba sola dentro del establecimiento, alcance a decir algo relacionado con el espíritu santo invocando a Dios, como buena “cartaga”, y salí lo antes posible al pasillo.

El apocalipsis parecía poco al lado de los gritos de la gente, personas corrían de un lado para otro, chiquitos lloraban y todas las muchachas que trabajaban en las tiendas se pusieron de acuerdo para pegar gritos y que los, aprovechados, de Penny Lane las abrazaran.

Yo mientras observaba todo esto (he de aclarar que seguía temblando) me preguntaba ¿Porqué todos corren y yo sigo aquí, inmóvil en medio del pasillo? En ese instante vinieron a mi mente unas imágenes del terremoto de chile y fue suficiente para que entrara en pánico y saliera corriendo como todos a mí alrededor.

Fui hacía las escaleras eléctricas, me quede quieta e intuí al instante que no estaban funcionando, ya que continuaba en el mismo lugar. Dos muchachas me empujaron y bajaron las escaleras corriendo y las seguí, por simple conducta colectiva. A todo esto había pasado un minuto y yo estaba ya, en el segundo piso, sin recordar.

En este recuento de los daños, como diría Gloria Trevi, me pregunto ¿De qué sirve un edificio antisísmico, en una sociedad con semejante pánico a los sismos? Supongo que para proteger los edificios. Porque el Mall quedo vacío en término de cinco minutos y la gente se comporto contrario a cualquier recomendación en caso de temblor.

Según la Real Academia Española el pánico es un miedo extremado producido por la amenaza de un peligro inminente. Me pregunto ¿Qué puede ser más peligroso? que tiemble o salir en medio temblor a la calle, corriendo, en hora pico, lloviendo y para colmo en viernes trece.

Definitivamente este día me dejo una enseñanza clara, viviendo en una zona de tanta actividad sísmica, como Costa Rica, los ticos tenemos derecho a tener pánico, pero ojala pueda ser un pánico antisísmico, porque si no un temblor – sin mayores consecuencias gracias a Dios – podría terminar en tragedia.

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