Por: La Bisagra


La desnudez es algo tan maravilloso, que sin duda alguna alguien tenía que buscar la forma de arruinarla para el resto de la vida de todos los mortales (gracias Adán y Eva…). La excesiva morbosidad que se le carga de factura a lo sexual es suficiente razón para que, por una cuestión cultural (muchas veces derivada de dogmas religiosos), a nuestro cuerpo se le condene a andar siempre bien tapado, como si no fuera algo natural y bello.
Veamos a continuación algunas razones por las que la desnudez no debería ser algo tan escandaloso:

-Los seres humanos nacemos sin una sola prenda de ropa encima y, por lo general, la mamá tiene que estar igual para dar a luz. Yendo más allá del nacimiento, si fuéramos consecuentes con lo que la vida nos indica al nacer, casi que deberían enterrarnos igual. Pero no, ¿se imaginan el escándalo social que generaría un entierro nudista?, aunque en términos ambientalistas eso sería lo ideal, por aquello de la biodegradación de los componentes, ¿o no?

-A la hora de conocer a una nueva pareja, nadie sabe realmente qué sorpresitas (gratas o ingratas) le vaya a deparar el nuevo cuerpo a explorar. Si anduviéramos sin ropa no habría espacio para los “brassiers” o calzones con relleno, para los pares de medias insertados en la jareta o las billeteras en la bolsa de atrás para que se les vea culillo. Lidiaríamos con una situación en la que “lo que ves es lo que es” y eso sería muy conveniente es muchos y diferentes niveles de la relación.

-Un 99.99% de las veces, estar vestido es un inconveniente mayor cuando de gozarse mutuamente se trata. Sí es cierto que muy de vez en cuando “coger con ropa” es divertido, pero la mayoría del tiempo es mejor que nada estorbe para los malabares amatorios y ese el mejor momento para que el “fuera ropa” sea un imperativo.

-Dormir sin ropa es un placer que muy pocas personas conocen o admiten conocer. Nada más rico, después de la acción “jarcor”, que dormir bien pegaditos y sin nada que interfiera en el contacto de las pieles. No es por pasearme en quien sea que haya inventado las pijamas, porque en noches de mucho frío o cuando tiembla y hay que salir corriendo hasta la calle, se le agradece la invención; pero deberíamos poder disfrutar de nuestra desnudez por lo menos cuando estamos en la intimidad de las cobijas, a la hora de descansar y que nuestro cuerpo también sea libre.

-Hablando de frío, no hay mejor forma de que dos cuerpos mantengan el calor entre sí que cuando están bien juntos y sin ropa. Y esto es verídico, mis queridas criaturas sexuales, si no me creen, hagan la prueba en una noche o tarde o mañana (¡qué carajos, cualquier hora es buena para eso!) en que las temperaturas hayan bajado algo más de lo normal. Nosotras féminas podemos constatarlo con sólo pegarnos desnudas al cuerpo del hombre, ya sea de frente o por detrás, pues de cualquier lado tenemos un par de protuberancias que casi siempre andan algo frías y así fácil, fácil se calientan.

-Casi cualquier necesidad fisiológica del ser humano (hablo desde sexo hasta bañarse o comer) requiere de la remoción de una o más prendas de vestir, o en su defecto, la carencia total de trapos. Sí, es bonito comprar ropa y andar a la moda, pero si lo analizáramos un poco más a profundidad, creo que llegaríamos a la conclusión de que la ropa es en realidad un estorbo más.

-Por último,¿alguien ha visto las sonrisas de hombres y mujeres en taparrabos cuando pasan los documentales de tribus lejanas a la civilización moderna? ¡A eso llamo yo una sonrisa de felicidad! Es que a veces ni dientes tienen pero sonríen con toda la cara y casi sin ropa. Cero complejos; ese es otro atributo de la desnudez cuando se vive.

Pareciera que para la mayoría de los placeres más grandes de la vida, no se necesita de usar ropa; al contrario, ¡casi todos requieren la ausencia de esta! Tratemos entonces de disfrutar al máximo esos ratitos en que nuestro cuerpo puede liberarse de sus ataduras y dejemos que todo flote, guinde o se ventee como la Madre Naturaleza quiso desde el principio.

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