Por: Karen Cordero – Club 700 Costa Rica

En el 2008, fallecieron 487 personas por homicidios, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Ese mismo

Cortesía: NotiHuatulco.com

año, otras 325 se suicidaron.

Según la Organización Mundial de la Salud, cada 40 segundos una persona se quita la vida en el mundo. UNICEF estima que 4 millones de adolescentes atentan contra sus vidas al año en el planeta y al menos 100 mil lo consiguen.

Cuando un joven se quita la vida, su familia hereda un profundo sentimiento de culpa. Se preguntan qué hicieron mal y qué dejaron de hacer para salvar la vida de su ser amado. Las preguntas son una tortura y la muerte, más cercana que nunca, se convierte en un tema aún más sombrío.

La Fundación Rescatando Vidas es una organización privada, sin fines de lucro, que desde 1999 trabaja en la prevención del suicidio adolescente y en la generación de una cultura que prevenga las conductas autodestructivas.

Julia Woodbridge es delegada ejecutiva de la fundación, quien empezó a trabajar en este tema luego de que su hijo de 14 años se suicidó hace varios años.

“Era un joven normal, estudioso, simpático, tenía muchos amigos, no tenía problemas de ninguna índole. Fue algo impresionante que afectó a nuestra familia, a sus amigos, compañeros y profesores, porque no vimos los signos”, explicó.

Julia comenta que existen señales que los padres pueden detectar en sus hijos,  como el aislamiento de la familia, el abandono a ciertas actividades, no estudian ni trabajan, comparten muchas veces con amistades peligrosas y tienen falta de expresividad emocional.

Además, manifiestan desinterés por la vida, o dicen frase como: “¿Para qué vivir?” También pueden indicarle a su familia que dentro de poco no van a tener que preocuparse por ellos. Pero cuando la frase es “me voy a suicidar” hay que tomar acciones inmediatamente.

“Es importante que los padres conversen con sus hijos, que no les pregunten cómo están, sino cómo se siente. Que les ayuden a reconocer que existe un problema en ellos, no deben dejarlos solos, deben preguntarles porqué dicen ciertas cosas o porqué actúan de esa forma”, agregó doña Julia.

Woodbridge, sufrió muchas consecuencias a causa de la pérdida de su hijo e intentó quitarse la vida en dos ocasiones.

Una amiga le aconsejo buscar a Dios.

“Mi respuesta fue, yo siempre he estado con Dios y de nada me ha servido, pero luego entendí que yo había estado viviendo una religión y no una relación personal con Cristo”, narra doña Julia al explicar la forma en que logró levantarse.

Actualmente, Julia Woodbridge ayuda a jóvenes con problemas de conductas suicidas. Ha sacado adelante a su hijo menor y formó una nueva familia.

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